
No son las lagrimas que vierto las culpables de la sequedad de estos mundos de barro, donde todo es engaño, apenas se respira en el cielo, las gaviotas están cansadas de volar, los transeúntes no caminan ni se paran en este reloj de sal, los ojos ya no ven, las bocas ya no sienten y el silencio se torna lo más hermoso, que haya podido jamás escuchar.
No son las sonrisas que apago las que absorben la oscuridad de estas calles no mojadas, donde el ruido es algo más de que pensar. Nadie se mira a los ojos, las miradas huyen desfavorecidas ante el espejo que da la verdad, la vida se ha convertido en una espada sin enfundar, se va degollando el sentimiento y se acaba desequilibrado por la sin razón.
No son los países bombardeados, ni son por las miradas que se van con el viento, ni son por las palabras hundidas en el océano de los naufragios del corazón por lo que tanto me atraganto.
No son los países bombardeados, ni son por las miradas que se van con el viento, ni son por las palabras hundidas en el océano de los naufragios del corazón por lo que tanto me atraganto.
Son por los soplos de aire desquiciados de seres sin alma ni corazón, son por las motas de polvo que van ensuciando mi razón, dejando mi mundo embarrado y entre los cristales mojados de mis sueños de invierno y soledad.
Yoyo


