
-Si, quien es?
-Soy yo, como está la nena?, tiene colegio? Verás, crees que sería posible, que la mandaras? es que… esto… necesito que me haga un recado…
y el auricular se colgaba…
-Soy yo, como está la nena?, tiene colegio? Verás, crees que sería posible, que la mandaras? es que… esto… necesito que me haga un recado…
y el auricular se colgaba…
Al otro lado del hilo de la esperanza, de la cuerda que le daba aire, la nena, una punzada sentía clavada al escuchar:
-No es posible, tiene mucho que hacer, el sábado por el amor de dios, no sea impaciente!!!
Ella sabía, no la necesitaba, ni recado, ni platos por fregar ni nada… solo la añoraba, y ella en silencio lloraba.
Llegado el tan ansiado sábado por un lado las piernas corrían, por el otro las piernas temblaban, y en la mesa esperaba leche, galletas y pastas.
Sonaba el timbre, suave como todo lo que habitaba en ese hogar y como la brisa que roza el mar la pequeña mano tocaba la vieja puerta… tan añeja pero tan tierna… y entonces, al otro lado del caserón se oían los ruidos lentos de su caminar.
Se abría la puerta, y entonces, se fundían los dos cuerpos en un abrazo de amor y de sinceridad.
Se abría la puerta, y entonces, se fundían los dos cuerpos en un abrazo de amor y de sinceridad.
Pasaba la tarde, entre besos y miradas cómplices, consejos y caricias, esperanzas y melancolías….
Y ya llegando la hora de la partida, la escena se repetía… una a los pies, arrodillada y con la cabeza en el regazo de la otra que se mecía y se mecía…
Ahora aun puedo sentir sus manos de seda acariciando mis cabellos mientras me decía:
-Todo pasa, todo pasa… mi pequeña y dulce mariposa de ámbar.
Y ya llegando la hora de la partida, la escena se repetía… una a los pies, arrodillada y con la cabeza en el regazo de la otra que se mecía y se mecía…
Ahora aun puedo sentir sus manos de seda acariciando mis cabellos mientras me decía:

-Todo pasa, todo pasa… mi pequeña y dulce mariposa de ámbar.
Yoyo